07 de Diciembre de 2017 737 Visitas

“La vejez y la diálisis”: ¿es realmente un cóctel mortal?



Artículo publicado en AJKD Blog por S. Hiremath

El envejecimiento es implacable, progresivo e inevitable. Con el envejecimiento vienen una gran cantidad de problemas físicos, mentales y emocionales, a menudo asociados de una manera predecible e imprevista. Cada vez hay más literatura sobre los cambios en el estado de salud que acompañan al envejecimiento. En la población de diálisis, una de las mayores decepciones en los últimos años fueron los datos de Kurella Tamura y colegas que informaron un resultado absolutamente abismante en los ancianos institucionalizados después del inicio de la diálisis. La mayoría de ellos murieron al año, y todos experimentaron un empeoramiento de la calidad de vida desde el momento del inicio de la diálisis (1).

Ahora, Derrett et al. presentan datos de un estudio longitudinal de Nueva Zelanda (The DOS65 +) que intenta arrojar más luz sobre los predictores precisos de este empeoramiento de la salud en adultos, generalmente mayores, después de comenzar la diálisis. El resultado clave se determinó haciendo a los participantes una pregunta simple: "En comparación con hace 1 año, ¿cómo calificaría su salud en general ahora?" Con tres respuestas posibles: mejor, igual o peor. (2)

Aquellos que murieron antes de los 12 meses de seguimiento, después de iniciar la diálisis se agruparon con "peor". Aproximadamente la mitad de los pacientes eran de etnia maorí u oceánicos, y aproximadamente la mitad fueron tratados con diálisis domiciliaria (principalmente diálisis peritoneal, pero 11 de los 150 pacientes fueron tratados con hemodiálisis en el hogar). Es de destacar que solo 26 de los 150 pacientes evaluados (17%) murieron en los primeros 12 meses, lo que sugiere que esta población es bastante diferente de la cohorte de ancianos institucionalizados reportada por Kurella Tamura et al. Incluso en la población general de USRDS, la mortalidad anual varía del 20% (70 años a 74 años) al 43% (más de 85 años). En contraste, aproximadamente dos tercios informaron sentirse "igual" o "mejor" que 12 meses antes de inicio de la diálisis.

En los datos no ajustados, la carga de comorbilidad de la ERC, presenta un menor sentido de comunidad y entumecimiento en manos y pies, los cuales fueron algunos de los factores asociados con un peor estado de salud al año de iniciada la diálisis. En el análisis multivariable, la etnia (Maori y Oceánica), presenta un fuerte sentido de comunidad, están en diálisis domiciliaria, y tienen menos condiciones comórbidas y mejores scores de calidad de vida, asociados con sentirse "igual" o "mejor" al año de tratamiento dialítico. Es importante destacar que los autores creen que la alta proporción de terapia de diálisis domiciliaria contribuye al nivel general de satisfacción que se encuentra en esta cohorte. Sorprendentemente, la edad en sí ya no era significativa después de tener en cuenta estas otras co-variables.

 

Derrett et al. enfatizan que sus datos sugieren que la percepción sesgada de la diálisis como mera prevención de la muerte y no una mejora de la calidad de vida debe ser balanceada. Es difícil no estar de acuerdo con ese sentimiento. La población "anciana" es bastante heterogénea, y categorizar a las personas por edad y no considerar el estado funcional también es intrínsecamente erróneo. Como el primer grupo de "Baby Boomers" cruza el umbral de los 65 años, está claro que son dramáticamente diferentes en algunos aspectos, ya que muchos de ellos están todavía en forma y son vigorosos.

Claramente la edad como una simple heurística falla, y es necesaria una evaluación más holística. ¿Qué hay de la etnia y los datos de red de apoyo social? De hecho, los datos puntuales recopilados sobre el sentido de las conexiones sociales es uno de los puntos fuertes de este estudio. Aunque la etnia no se traduce fácilmente en un factor de riesgo modificable, el sentido de comunidad y la fuerza de las relaciones sociales merecen una mayor investigación.

Cabe señalar que este es un pequeño estudio de Nueva Zelanda, y muchos de estos factores pueden no ser generalizados a otros países, pero definitivamente requieren más investigación. Incluso puede valer la pena decirles a nuestros pacientes mayores con ERC que mantener un fuerte sentido de comunidad más adelante en la vida no solo puede beneficiar su bienestar mental y emocional, sino también su salud física.

Dr. Eduardo Lorca

Referencias:

1.- Kurella Tamura M et al. N Engl J Med 2009;361:1539-47

2.- Derrett S et al. DOI:10.1053/j.ajkd.2017.06.023